De interés general

interesgeneral PATOLOGÍAS MÉDICAS DE INTERÉS GENERAL

ALERGIA Y ANESTESIA

Las reacciones alérgicas en anestesia suponen un problema potencial grave por las complicaciones que pueden ocasionar a los pacientes, ya que se asocian a una tasa de mortalidad entre un 3 y un 5% y a una incidencia de efectos secundarios que oscila alrededor del 35%. La frecuencia de aparición es muy variable, situándose entre 1:3000 y 1:13.000 anestesias y va ligada fundamentalmente al empleo de anestesia general, en especial durante la inducción de la misma.

Las sustancias implicadas con mayor frecuencia son en orden decreciente:

  • Los relajantes musculares (50-70%)
  • El látex (12-17%)
  • Los antibióticos (8%)
  • Los barbitúricos (4-10%)
  • Sustitutos del plasma (3%)
  • Analgésicos no narcóticos (2%)
  • Los neurolépticos (1%)

La alta incidencia observada con los relajantes musculares obedece a que una molécula de los mismos, el ión amonio, se encuentra también en productos empleados en cosmética, tintes y alimentos diversos. Aunque todo paciente puede presentar una reacción alérgica frente a cualquier sustancia farmacológica, existen ciertos factores que, de alguna manera, predisponen a la aparición de la misma:

  1. Antecedentes de reacción alérgica documentada por un especialista en Alergología frente a una sustancia determinada, especialmente si se trata de un agente anestésico
  2. Antecedentes de manifestaciones clínicas sugerentes de reacción alérgica frente a algún agente anestésico y/o al látex
  3. Niños con antecedentes de múltiples intervenciones quirúrgicas, especialmente por espina bífida, mielomeningocele y/o malformaciones genitourinarias (riesgo aumentado de alergia al látex)
  4. Manifestaciones clínicas sugerentes de alergia con la ingesta de aguacates, kiwi, plátano, castaña, albaricoque, uva, piña y/o tras exposición a objetos de caucho, goma, plásticos (riesgo de alergia al látex)

Si usted presenta o ha presentado alguna de estas manifestaciones, debe comunicarlo a su cirujano y al anestesiólogo antes de someterse a la intervención quirúrgica propuesta, con el objeto de prevenir la aparición de complicaciones ligadas a una reacción alérgica.

La prevención de una reacción alérgica se apoya en los siguientes puntos:

  1. Identificación del producto alérgeno mediante un interrogatorio clínico dirigido y la práctica de pruebas de laboratorio específicas, como los test cutáneos, dotados de una sensibilidad y especificidad cercana al 100%
  2. Evitar el contacto o la exposición frente al agente alérgeno
  3. Instaurar una medicación preoperatorio adecuada
  4. Restringir al máximo el número de fármacos a suministrar

La práctica de pruebas específicas (test cutáneos) preoperatorios no tiene utilidad alguna en la población general y/o en los pacientes atópicos, debiendo reservar su realización a pacientes con factores de riesgo documentados. Los resultados de las pruebas deben entregarse por escrito al paciente y quedar registrados en la historia clínica y en el Documento de Consentimiento Informado (DCI), firmado por aquél antes de la intervención. Aunque en todo caso debe valorarse la relación riesgo/beneficio, no resulta aconsejable retrasar una cirugía urgente para la realización de tales pruebas.

ASMA Y ANESTESIA

El Asma es una enfermedad inflamatoria de las vías aéreas que comporta una obstrucción reversible al flujo aéreo, que da lugar a un grado de dificultad respiratoria (dísnea) variable, en función de la gravedad de la obstrucción.

Asma extrínseco e intrínseco

Esta obstrucción puede aparecer a consecuencia de un estímulo identificable (polen, gramíneas, ejercicio, estrés emocional, alimentos, aspirina…), en cuyo caso hablaremos de asma extrínseco, o sin causa desencadenante aparente, denominándose entonces asma intrínseco.

Incidencia del asma en la población

La incidencia de asma en la población adulta oscila alrededor del 5%, mientras que en el niño aumenta hasta aproximadamente un 10%.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico clínico del asma (dificultad respiratoria, respiración acelerada, sibilancias o “pitos” a la auscultación…) debe confirmarse con la práctica de pruebas funcionales respiratorias (PFR) a cargo de un Servicio de Neumología. Las PFR del asma incluyen esencialmente la espirometría o determinación de los volúmenes pulmonares movilizables con una respiración normal y/o forzada y un test broncodilatador para medir la resistencia al flujo aéreo y valorar la respuesta al tratamiento médico.

El asma y la anestesia

La problemática del asma en relación a la anestesia depende esencialmente de la gravedad del mismo. Esta gravedad viene determinada por la presencia de los factores siguientes:

  1. Alta frecuencia de crisis asmáticas
  2. Crisis de aparición nocturna
  3. Necesidad frecuente de intervención médica, con o sin ingreso hospitalario
  4. Afectación importante y documentada de las PFR

Si usted presenta alguna de estas manifestaciones, debe comunicarlo a su cirujano y al anestesiólogo antes de la intervención quirúrgica propuesta, con el objeto de valorar su estado y prevenir la aparición de complicaciones ligadas al proceso asmático. Si usted fuma, debe abandonar el hábito tabáquico 1 a 2 semanas antes de la intervención.

Si usted está siguiendo ya un tratamiento broncodilatador y antiinflamatorio que le va bien, en principio debe continuarlo hasta el momento de la intervención.

En todo caso, puede ser que se precise ajustarle más las dosis habituales y/o que se le prescriba algún medicamento nuevo, por ejemplo corticoides, teofilina y/o antibióticos, si su estado así lo aconseja. Asimismo, puede resultar necesario practicarle unas PFR preoperatorias que ayuden a valorar mejor su condición actual. Recuerde que es muy importante que el asma esté bien controlado y/o estabilizado antes de proceder a la intervención quirúrgica. En ocasiones, ello puede obligar a retrasar la cirugía, adaptando en todo caso este retraso a la urgencia del procedimiento quirúrgico.

En pacientes asmáticos, suele resultar más aconsejable realizar la intervención bajo anestesia locorregional que bajo anestesia general, siempre que la situación y/o la naturaleza de la intervención lo permitan.

ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

Las enfermedades cardiovasculares, especialmente la cardiopatía isquémica (Infarto de miocardio, Angina de pecho), la hipertensión, la insuficiencia cardiaca y la afectación de las válvulas del corazón (estenosis / insuficiencia tricuspídea, pulmonar, aórtica, mitral) son una de las patologías más frecuentes en la práctica anestésica habitual y constituyen una causa importante de morbimortalidad, tanto durante la intervención como después de la misma. De hecho, las complicaciones cardiovasculares son responsables del 25 – 50% de las muertes que se producen en el contexto quirúrgico, siendo el infarto, la insuficiencia cardiaca descompensada, las arritmias y el tromboembolismo las causas implicadas con mayor frecuencia en dicha mortalidad.

Diagnóstico de la enfermedad cardiaca

El diagnóstico de la enfermedad cardiaca se apoya fundamentalmente en una historia clínica rigurosa, una exploración física detallada y en la práctica de una serie de pruebas complementarias (Electrocardiograma, Rx Tórax, Ecocardiograma, Fondo de ojo, Prueba de esfuerzo, …) en función del tipo de patología y de la gravedad de la misma. Una historia clínica con alguna de las patologías que se describen a continuación, nos alertarán acerca de la existencia de una determinada afección cardiocirculatoria.

  • Disnea (dificultad respiratoria o sensación de ahogo) al esfuerzo o en reposo
  • Ortopnea (disnea en decúbito que mejora al incorporarse)
  • Disnea paroxística nocturna – DPN (crisis de disnea que despiertan al paciente )
  • Síncope o desmayo (estado de debilidad muscular generalizada con incapacidad para mantenerse de pie y que cursa con una alteración breve de la conciencia)
  • Edemas (hinchazón de las piernas y/o tobillos)
  • Palpitaciones (sensación consciente y desagradable de la actividad cardiaca, ya sea rápida o lenta, regular o irregular)
  • Dolor torácico, claudicación intermitente (dolor en las piernas e impotencia funcional al andar y que mejora en reposo)
  • Soplos (vibraciones originadas en el corazón o en los grandes vasos)
  • Hipertensión (HTA) y/o cianosis (coloración azulada de la piel)

La disnea, ortopnea, DPN y edemas son los síntomas característicos de la insuficiencia cardiaca, mientras que el dolor torácico retroesternal, que irradia al cuello o brazo izquierdos y que se alivia con el reposo o la nitroglicerina representa la manifestación clínica fundamental de la cardiopatía isquémica.

Las palpitaciones señalan la presencia de un trastorno del ritmo cardiaco normal, mientras que los soplos cardiacos revelan una afectación de las válvulas cardiacas.

Los síncopes, por su parte, son sugestivos de frecuencias cardiacas muy bajas, características de los bloqueos cardiacos (trastornos de la conducción cardiaca) y que pueden obligar en ocasiones a la colocación de un marcapasos o de una disminución importante del gasto cardiaco (cantidad de sangre propulsada por el corazón en un minuto)

La Hipertensión (HTA) viene definida por una tensión arterial sistólica ≥ 140 mmHg y/o tensión arterial diastólica ≥90 mm Hg. Su gravedad viene determinada no sólo por las cifras de tensión arterial sino también por la repercusión orgánica (cardiaca, renal, neurológica, ocular) y/o la presencia de patologías médicas asociadas (diabetes, accidente vascular cerebral, enfermedad coronaria).

Un dato que resulta conveniente valorar, especialmente en presencia de patología cardiovascular, es la cifra de Hemoglobina (Hb) preoperatoria que presenta el paciente. En general, una Hb preoperatoria < a 6 gr/dl en ausencia de patología cardiovascular y/o una Hb preoperatoria < a 10 gr/dl en presencia de patología cardiovascular asociada, comportan un aumento considerable en la morbimortalidad perioperatoria.

Por otro lado, la presencia de insuficiencia venosa, varices, obesidad importante, edad avanzada y/o toma de anticoceptivos orales favorecen la aparición de trombosis venosa profunda (TVP), con el consiguiente riesgo de tromboembolismo postoperatorio, razón por la cual resulta importante en estos casos la prevención con heparina unas horas antes de la intervención.

Otro aspecto muy importante que debe contemplar la historia clínica es la estimación de la capacidad funcional del paciente, pues una disminución de la misma se asocia a un mayor riesgo de complicaciones cardiacas durante el período perioperatorio. Esta estimación puede efectuarse mediante la aplicación de diferentes clasificaciones, como por ejemplo, la de la New York Heart Association (NYHA),la de la Canadian Cardiovascular Society (CCS) y/o la de la American Heart Association (AHA) / American College of Cardiology (ACC), que valora la capacidad funcional del paciente frente al ejercicio físico. La más reciente es la propugnada por la AHA/ACC, que expresa el grado de capacidad funcional a través de los denominados equivalentes metabólicos (METS); 1 MET define el consumo de oxígeno en reposo, de un hombre adulto de 40 años y 70 kg de peso, que es de 3.5 ml/kg/min. Los múltiplos de este valor se emplean a continuación para expresar las necesidades de oxígeno de diferentes actividades físicas. La correlación entre ambos (METS y actividad física) constituye una herramienta de gran utilidad para complementar el diagnóstico clínico.

Clase Capacidad funcional Actividad física METS
I Excelente Práctica de deportes (natación) 7-10
II Buena Andar deprisa (6.4km/H)
Labores domésticas pesadas
Relaciones sexuales plenas
5-7
III Moderada Andar despacio (4,8km/H)
Labores domésticas ligeras
2-5
IV Mala Incapaz de vestirse o llevar a cabo labores domésticas <2

Las dos primeras, por su parte, relacionan la actividad física con la ausencia y/ o presencia de síntomas, refiriéndose fundamentalmente la de la NYHA a la aparición de dísnea como expresión de insuficiencia cardiaca y la de la CCS a la aparición de síntomas anginosos como expresión de reserva funcional coronaria. En las tablas nº 3 y 4 pueden observarse las clasificaciones funcionales de la NYHA y de la Cardiovascular Canadian Society.

CLASIFICACIÓN FUNCIONAL DE LA NYHA
Clase I Sin limitaciones a la actividad física
Clase II Limitación ligera a la actividad física. Ausencia de síntomas en reposo, pero la actividad física normal da lugar a dísnea, palpitaciones o angina
Clase III Limitación importante a la actividad física ordinaria. Aparición de síntomas con una actividad menor de la ordinaria
Clase IV Incapacidad para realizar cualquier tipo de actividad física. Aparición de síntomas
CLASIFICACIÓN FUNCIONAL DE LA CSS
Clase I La actividad física ordinaria (caminar, subir escaleras) no causa angina. Aparición de síntomas anginosos con el esfuerzo importante (ejercicio prolongado o intenso)
Clase II limitación a la actividad física ordinaria. Aparición de síntomas anginosos al caminar o subir escaleras rápido, tras la comidas o en situaciones de estrés emocional.
Clase III Marcada limitación a la actividad física ordinaria. Aparición de síntomas anginosos al andar una o dos manzanas en terreno plano o al subir un escalón
Clase IV para llevar a cabo cualquier actividad física sin molestias. Posible aparición de síntomas en reposo

Existen diversos índices de riesgo cardiaco que suelen emplearse en clínica para estimar el riesgo de padecer complicaciones cardiacas. Entre ellos cabe destacar los propugnados por la AHA / ACC en 1996 y revisadas en 2002, que incluyen los denominados predictores clínicos, el riesgo ligado a la cirugía y la capacidad funcional:

RIESGO CARDIOVASCULAR
PERIOPERATORIO: PREDICTORES CLÍNICOS
Mayores – IAM reciente (> a 7 días
y/o > a 30 días).
– Angina severa o inestable (Clase III – IV CCS
– ICC descompensada.
– Arritmias significativas o Valvulopatía severa (EA aórtica).
Intermedios – IAM
antiguo o Angina moderada (Clase II – I CCS).
– ICC compensada o antigua.
– Diabetes Mellitus.
Menores – HTA no controlada
– Capacidad Funcional pobre.
– ECG anormal (FA- HVI – BRIHH – Anomalias ST).
– Edad avanzada.

ACC – AHA Guidelines: Circulation 1996

La presencia de predictores clínicos mayores, como por ejemplo un infarto reciente o una insuficiencia cardiaca congestiva (ICC) descompensada, pueden obligar a retrasar la cirugía hasta la estabilización de la enfermedad en cuestión.

Los predictores intermedios señalan un riesgo aumentado de complicaciones y su presencia aconseja llevar a cabo una exploración exhaustiva del paciente, mientras que los predictores menores, aún reflejando patología cardiovascular, no se consideran por sí solos predictores independientes de riesgo.

RIESGO CARDIOVASCULAR PERIOPERATORIO:
TIPO DE CIRURGÍA
ALTO RIESGO (> al 5%) – Cirugía mayor urgente, particularmente en el anciano
– Cirugía vascular mayor (aórtica)
– Cirugía vascular mayor periférica
– Cirugía de larga duración (> a 3 h.) asociada con pérdidas sanguíneas importantes y/o alteración significativa dinámica de fluidos
RIESGO INTERMEDIO (< al 5%) – Cirugía de carótida
– Cirugía de cabeza y/o cuello
– Cirugía intraperitoneal o intratorácica
RIESGO BAJO ( < al 1 %)  – Cirugía laparoscópica o superficia

Establecidos los factores de riesgo, el examen preoperatorio debe contemplar también el tipo de fármaco que toma y/o ha tomado el paciente durante los últimos 6 meses antes de la intervención, por las posibles interacciones que aquél pueda presentar con los fármacos empleados en el acto anestésico. En general, se han de mantener hasta el día de la intervención todos los fármacos, a excepción de los anticoagulantes orales (Sintrom), la heparina, la aspirina, los antiagregantes y los antihipertensivos IECAS (inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina: Captopril, Enalapril …) y los ARA II (antagonistas de la angiotensina): Losartan, Ibesartan):

  • Sintrom: debe suspenderse 3 a 4 días antes y sustituirse por heparina
  • Heparina: debe mantenerse hasta 12h antes de la intervención
  • Aspirina: debe suspenderse 7 a 10 días antes de la intervención y sustituirse a los 3 días de la suspensión por ibuprofeno o flurbiprofeno hasta 12h antes de la intervención
  • Antiagregantes: la Ticlopidina debe suspenderse 14 días antes de la intervención, el Clopidogrel 7 días, el Abciximab 2 días antes y el dipiridamol o la eptifibatida 24 h antes
  • IECAS / ARA II: deben suspenderse 12 a 24 h antes de la intervención, según el fármaco Así pues, si usted padece o ha padecido durante los últimos 6 meses algún predictor clínico, es portador de un marcapaso y/o toma alguno de los fármacos arriba mencionados, debe comunicarlo a su cirujano y al anestesiólogo, con el objeto de valorar su estado actual, adecuar si procede, la medicación que está tomando y decidir el momento óptimo para la intervención quirúrgica a la que usted ha de someterse.
DIABETES Y ANESTESIA

La Diabetes Mellitus (DM) es una de las enfermedades más frecuentes en los pacientes quirúrgicos y su existencia se detecta muchas veces al efectuar el examen preoperatorio. Se caracteriza por una alteración en el metabolismo de los hidratos de carbono secundaria a una actividad insuficiente de la insulina segregada por el páncreas, que da lugar a la aparición de hiperglucemia (aumento de las cifras de glucosa en sangre) y glucosuria (presencia de glucosa en la orina). De acuerdo a los criterios de la Sociedad Americana de Diabetes, el diagnóstico de Diabetes requiere la presencia de al menos una de las siguientes condiciones:

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS DE DIABETES
• Glucemia basal en ayunas
(como mínimo 8h) ≥ a 126 mg/dl (7 mmol/L) confirmada al menos en dos ocasiones
• Glucemia al azar ≥ a 200
mg/dl (11,1 mmol/L) que se acompaña de síntomas clínicos característicos de
Diabetes

La determinación de la glucemia suele complementarse con la de la denominada Hemoglobina glicosilada (Hb A1c), cuyos valores reflejan las cifras media de glucemia que ha presentado el paciente durante las últimas 4 semanas y es un parámetro muy útil para valorar el grado de compensación de la diabetes; valores > al 9% (normal: 5-7%) son indicativos de un control glucémico inadecuado.

Existen 2 tipos de Diabetes:

  • Diabetes tipo I o insulino-dependiente (DID): déficit de insulina causado por la destrucción de las células pancreáticas responsables de su secreción. El control de la misma pasa inexorablemente por la administración exógena de insulina.
  • Diabetes tipo II o Diabetes no insulina-dependiente (DNID): alteraciones en la secreción de insulina junto con resistencia a los efectos de la misma. El control inicial de la misma suele conseguirse con dieta y/o la administración de antidiabéticos orales (ADO), pero en caso de progresión, puede requerir la administración de insulina.

Las diferencias fundamentales entre ambas pueden apreciarse en la siguiente tabla:

CARACTERÍSTICAS
DIFERENCIALES DE LOS TIPOS DE DIABETES
MANIFESTACIONES DIABETES TIPO I DIABETES TIPO II
Inicio más frecuente Infancia o adolescencia Edad adulta
Producción de insulina Muy baja Normal o alta
Constitución Delgada Obesa
Tratamiento Insulina Dieta, ADO, Insulina
Respuesta a la insulina Buena Resistencia
Propensión a la cetoacidosis Alta Baja
Complicaciones predominantes a
largo plazo
Microvasculares
(pequeños vasos)
Macrovasculares
(grandes vasos)
Influencia hereditaria Moderada Alta

Esta clasificación es sin embargo más teórica que real, ya que en la práctica diaria suelen encontrarse muchas veces manifestaciones superpuestas de ambos tipos.

La sintomatología clínica característica de la Diabetes incluye las denominadas 4 P:

  • Polidipsia (sed excesiva)
  • Polifagia(hambre excesiva)
  • Poliuria(emisión de orina exagerada)
  • Pérdida de peso

La morbimortalidad del paciente quirúrgico con Diabetes va ligada a la presencia de los siguientes factores de riesgo:

  • Control metabólico inadecuado (glucemia en ayunas > a 140 mg/dl) y HbA1c > al 9%
  • Cirugía agresiva
  • Presencia de complicaciones sistémicas ligadas a la Diabetes
  • Existencia de patologías asociadas (Obesidad mórbida..)

Las complicaciones sistémicas de la Diabetes constituyen un factor de riesgo importante en el paciente quirúrgico y su presencia debe confirmarse durante el examen preoperatorio.

Estas complicaciones incluyen:

Retinopatía diabética: afectación microangiopática ocular que cursa con disminución de la agudeza visual y que puede ocasionar hemorragia del vitreo o desprendimiento de retina, en cuyo caso estaría indicada una vitrectomía. El diagnóstico se establece mediante la práctica de un fondo de ojo a cargo de un especialista en oftalmología. Esta exploración debe practicarse a los 5 años del comienzo de una DM tipo I y al inicio de toda DM tipo II.

Nefropatía diabética: afectación microangiopática del riñon que cursa con proteinuria o albuminuria (presencia de proteínas en la orina > a los 200 mg/día), hipertensión y disfunción renal. El diagnóstico se establece mediante estudios de laboratorio (análisis de sangre y orina) y pruebas de funcionalismo renal. Resulta especialmente importante la detección de microalbuminuria (microproteinuria) mediante “ tiras reactivas” , ya que constituye un signo precoz de neuropatía diabética. En la actualidad, se considera la microalbuminuria como un marcador del daño renal y cardiovascular en pacientes diabéticos e hipertensos.

Manifestaciones cardiovasculares: afectación macroangiopática de las arterias coronarias del corazón y de los grandes vasos periféricos que fomentan la aparición de infarto de miocardio o angina de pecho, hipertensión, accidentes cerebrovasculares (ictus o apoplejía), claudicación intermitente y lesiones tróficas en las extremidades (úlceras, heridas cutáneas). La presencia de disnea e hiperglucemia es sugestivo de afectación coronaria, aunque falten los demás síntomas de angina (dolor) Neuropatía diabética: afectación del sistema nervioso que se manifiesta por dolor y trastornos sensitivos como parestesias (hormigueo) o hiperestesias (sensibilidad aumentada) en el territorio de distribución de un nervio periférico (mononeuropatía diabética) o por alteraciones en el funcionalismo del sistema nervioso autónomo o neurovegetativo (simpático/parasimpático). La disfunción neurovegetativa se caracteriza por hipotensión postural, taquicardia en reposo, atonía vesical con retención de orina e infecciones urinarias de repetición, impotencia y enteropatía digestiva con diarreas y retraso en el vaciamiento gástrico.

Manifestaciones osteoarticulares: limitación a la movilidad articular que suele afectar inicialmente sólo a las pequeñas articulaciones y después a cualquier articulación del cuerpo. Resulta especialmente importante explorar la movilidad del cuello y de la articulación temporomandibular, con el objeto de valorar posibles dificultades a la intubación orotraqueal. En este sentido tiene carácter predictivo de intubación difícil la existencia del “signo del predicador” o imposibilidad de aproximar las superficies palmares de las manos y de las articulaciones interfalángicas.

Medidas preoperatorias en el paciente quirúrgico con Diabetes: En el paciente quirúrgico con Diabetes resulta necesaria la adopción de una serie de medidas preoperatorias con el objeto de minimizar al máximo la aparición de complicaciones durante y/o después de la intervención: La intervención quirúrgica debe programarse a primera hora de la manyana. En caso de cirugía menor, suspender la alimentación oral entre 8 y 12h antes y en caso de cirugía mayor, más de 12h (adaptar el horario de la cena del día anterior a la intervención)

Si el paciente está tomando medicación antidiabética, ésta debe ajustarse adecuadamente.

  • Antidiabéticos orales (ADO): Las sulfonilureas y las acarbosas deben suspenderse la mañana misma de la intervención, mientras que las biguanidas (Metformina) deben suspenderse 48h antes de la intervención
  • Insulinas de acción retardada: suspenderlas la noche anterior a la cirugía y sustituirlas por insulina rápida según glucemias
  • Insulinas de acción rápida: mantener las dosis habituales por vía subcutánea o ajustarlas según glucemias y protocolos del Centro
  • Desde el momento del ayuno, el paciente debe recibir un aporte de glucosa intravenosa suficiente (150-200 gr/24h), que se mantendrá hasta el reinicio de la alimentación oral; este aporte se inicia 1-2 h antes del inicio de la intervención (siempre que el paciente haya cenado)
  • Controles periódicos de la glucemia cada 4h, teniendo como objetivos el mantenimiento de cifras estables de glucosa entre 100 y 200 mg/dl, evitando la aparición de hipoglucemias
  • Los pacientes con glucemias en ayunas > a 140 mg/dl a pesar del tratamiento deben ingresar 24h antes de la cirugía y recibir insulina rápida según los protocolos del Centro junto con un aporte glucosado adecuado.

Si usted es diabético debe informar a su cirujano y al anestesiólogo antes de la intervención, con el objeto de valorar su estado actual y proceder a la toma de medidas necesarias para optimizar su condición previamente a la cirugía. Esto resulta especialmente importante en los casos siguientes:

  • Diabetes Tipo I o insulino-dependiente
  • Antecedentes de descompensaciones importantes (Cetoacidosis diabética, Coma hiperosmolar)
  • Presencia de factores de riesgo
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